—¿Qué necesitaba Vionessa esta vez? —preguntó Damon cuando Xavier entró en la oficina. Suspiró y se sentó.
Últimamente su madre se comportaba de forma extraña; siempre se imaginaba lo peor, y Xavier estaba harto. Pensaba que era solo por el estrés de Vionessa.
Pero a medida que pasaba el día, ella seguía diciendo cosas cada vez más raras y extrañas.
—Creo que mi madre está perdiendo la cabeza —declaró Xavier con voz débil, dejándose caer en la silla.
—¿Y qué te hace pensar eso? —preguntó Damon.