Mientras tanto, al otro lado de la mansión… Valeria temblaba ligeramente, intentando mantener la compostura, pero la imagen del berrinche de Vionessa aún estaba fresca en su memoria.
—Ven aquí —dijo Ravina, abrazándola de inmediato. Valeria se quedó paralizada al principio, al sentir el calor extrañamente familiar que la envolvía.
La forma en que Ravina le acariciaba la espalda con suavidad la tranquilizó. —¿Estás bien? —preguntó Ravina con preocupación reflejada en su rostro. —Sí —logró respon