Cap. 113
En el aeropuerto todo fue rápido y surrealista. Sin colas, sin esperas.
Un hombre de traje nos llevó directos por la pista hasta donde esperaba el jet privado, una criatura blanca y elegante. Por dentro, aquello era puro lujo discreto: cuero suave, madera pulida y un silencio profundo que tapaba hasta el rugido de los motores.
Me senté en un sillón que parecía abrazarme, justo al lado opuesto del suyo, cerca de la ventana.
Él se instaló enfrente, convirtiendo la mesa de al lado en una