PECADOS RESBALADIZOS 3
PAMELLA
La casa de Enzo era pintoresca. Demasiado grandiosa y muy tranquila, tal y como la vimos al entrar. Pero lo único que podía sentir era su mano en mi espalda.
«Ahora esta es nuestra casa, Bella». Me miró, recorriendo mi cuerpo con la mirada.
«Me gusta». Sonreí, contemplando el espacio.
«Sé que te gustará». Me rodeó la cintura con el brazo y me atrajo hacia su pecho.
Bajó la cabeza hasta mi cuello e inhaló mi aroma. «Hueles tan bien, Bella. Eres perfecta».
Me so