119. No son dos
119. No son dos
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No hay palabras para describir las emociones que embargan mi pecho. Escuchar los pequeños latidos del corazón de mi hijo es la más dulce de las melodías. Mis ojos se llenan de lágrimas y el corazón se me oprime hasta quedarme sin aliento, provocando que un sollozo abandone mis labios.
—Nuestro bebé, mi amor —murmuro, sintiendo que me ahogo. Mis lágrimas se precipitan como cascadas de mis ojos, derramándose por mis mejillas.
No me molesta, tampoco me avergüenza llorar dela