Monke despertó y como era tradición fueron al salón a tomar desayuno, aún quedaban muchas cosas de la fiesta, así que Antonio y Arturo eran los más felices.
Monke llegó en silencio y se sentó a la mesa, allí su padre y la anciana curandera empezaron a increparlo por su falta de responsabilidad.
Antonio no sabía que hacer, necesitaba trabajar en algo para no estar con Mónica y tratar de no pensar en Kate
Fue donde Monke que estaba en el río -hola, como estás-
-Bien ¿Y tú?- respondió Monke
-Acost