Antonio y Raúl esperaron que Benjamín saliera de clases, por mientras fueron a su habitación y empacaron su ropa. Ellos eran como de la casa, así que libremente podían pasear por el Orfanato.
A Antonio le dio gusto ver que la sala estaba climatizada con suficiente leña y que las cocineras esperaran a los niños con un desayuno caliente y bastante comida. Él les preguntó si les faltaba algo
-no don Antonio, acá Raúl todas las semanas nos trae frutas y verduras frescas, además de leña y otras cosa