Eulogio salió de la cárcel con el pecho apretado de ver a Paula en ese estado, pese a que se merecía estar encerrada. Ella estaba en una celda con una cama mejor que las demás prisioneras y con baño privado, requerimiento que había hecho Antonio para que estuviera cómoda y libre de infecciones que abundaban en baños de esos centros carcelarios.
Pese a ello, Paula lloraba de rabia, pena y de cómo había llegado a ese estado, embarazada de un guardia que estaba encarcelado también, sin dinero ni