—Hola, sexy —llamó Calder cuando entré en el bar.
Le lancé una sonrisa y me deslicé sobre mi taburete habitual. Él deslizó un doble de whisky por la madera, rozando mis dedos más tiempo del necesario.
—Parece que estás de buen humor hoy —murmuré.
—Eso es porque tú iluminas mi mundo —respondió él, bajando la mirada a mis pechos visibles bajo la blusa.
Entró una llamada, contestó y su expresión cambió. Su mandíbula se tensó y los hombros se le pusieron rígidos. Sus ojos volaban hacia las escalera