En el palacio real, tanto la reina como Anna se preparan para la celebración de aquel matrimonio que bajo acuerdo se efectuará entre la pelinegra y el príncipe Hans.
A diferencia de Elisa, Anna pasa los días de su gravidez sin grandes molestias, excepto por la tristeza que lleva en su corazón por haberle mentido a Rodrigo sobre su paternidad.
—Creo que deberías soltar un poco la falda, Martina —comenta la reina.— recuerda que no debe notarse el embarazo. Aunque hice lo posible por adelantar la