Me mordí el labio, las mejillas ardiendo, pero mis pies me llevaron más cerca de la cama. —No puedo dejar de pensar en ti —admití, la voz apenas un susurro—. No pude tener suficiente de tu polla esta mañana. Llevo tanto tiempo insatisfecha… necesito más.
Su sonrisa se ensanchó en algo más oscuro, más posesivo. Se incorporó ligeramente, los músculos flexionándose en su pecho ancho y sus brazos tatuados. —Eres la mujer más hermosa que he visto nunca —dijo, los ojos sin apartarse de los míos. La s