—¡Para… joder… bastardo! —gemí, las caderas empujando contra su boca a pesar de mis palabras. Los muslos me temblaban violentamente alrededor de su cabeza. Él gruñó y redobló esfuerzos, curvando los dedos perfectamente contra mi punto G mientras chupaba con fuerza mi clítoris hinchado.
Me corrí otra vez en cuestión de minutos, gritando alrededor de los insultos que intentaba lanzarle. Mis paredes se cerraron alrededor de sus dedos, chorreando nueva humedad por toda su cara marcada. Él me lamió