Mis manos tiemblan cuando toco el timbre de la cabina uno. No tengo idea si está en casa. Si está solo. Por favor, quédate solo. La puerta se abre y aparece Diego recién duchado.
_ Me mentiste _ Apenas es un susurro.
Él no dice nada, da un paso atrás para permitirme entrar. Camino, inhalando su colonia con un aliento tembloroso. No he estado aquí desde el día que descubrí que se había ido. Se ve exactamente igual. El escritorio en el que me acostó todavía está allí, con su computadora portáti