Dione desplaza dos dedos por sus labios y los acaricias mientras estos comienzan a sudar.
—Mmm cómo me encanta que te portes mal, eso me pone tan duro —dice con lujuria—. Eres una nena desobediente y para eso estoy yo, para castigarte, así que no te vayas a correr hasta que yo diga.
—Como digas papi. —Ella cierra sus ojos para imaginarse la escena.
—Quiero que me mires. —Se venga con una sonrisa y ella lo ve frustrada—. Te tomo por los tobillos y te llevo al borde de la cama, acerco mi punt