ADAMO
—Deja te explico, mi amor —intenta acercarse, sin embargo, ella lo detuvo señalando con su mano.
—Explícame entonces, y nada de mentiras, Dante —dijo molesta —No estoy para soportar ni una más.
—Solamente escúchame y te explicaré todo, nena.
Negó retrocediendo cuando él quiso tomar su mano.
—No, ni se te ocurra—dijo rotundamente —Y no te atrevas a volver a mentirme, Dante —molesta, lo señala con el dedo.
No le quedó de otra que volver a su lugar y verla desde allí. Con una expresión neutr