Los oídos se me taparon, lo que acaba de decir esa mujer no lo creía. Mi madre no pudo ser infiel. Jamás. —Me levanté del taburete donde estaba sentada y salí del kiosco en dirección a unos establos. Yaro me siguió.
—Linda.
—No quiero rechazarte Yaro, pero necesito unos minutos a solas. Por favor.
Vi la tristeza en sus ojos, el labio me tembló y en vez de alejarse lo que hizo fue abrazarme. No sabía que mi cuerpo temblaba hasta que sus fuertes brazos me envolvieron y eso era lo que en verdad ne