Había pasado una semana. Y yo sigo como champiñón, más triste que payaso sin público. Detesto sentirme así, pero me cuesta mucho cuándo la depresión me ataca. Desde ese tiempo no hemos visto a Salomé más que por videollamada. Se ha quedado en la clínica porque su padre sigue sin reaccionar, eso la estaba acabando. Se veía ojerosa.
La tarde seguía muy lluviosa, tanto que he pasado con una cobija encima y he estado sentada en la terraza de la casa finca, con mi perro a un lado y con el hocico sob