—Y otra vez el llanto.
—De no ser porque te hicieron la prueba de embarazo y salió negativa, diría que lo estaba. —Le sonreí.
—Porque no todos los días te enteras de la farsa de madre que tenías y todo lo que ha pasado golpe tras golpe.
—Cierto. —Me dio un beso—. Ve a bañarte —mordió mi labio.
Una vez arreglada, bajamos de la mano y en un área especial ejecutiva. Mi padre alquiló una pequeña sala de juntas para que habláramos en privado. La recepcionista nos informó que ya nos esperaban. De mi