Lancé el puto vaso de whisky, el cual impactó con fuerza en la pared del despacho. Todos vimos lo que ocurrió. Habíamos acordado los tres en mandarle un susto al juez por petición de Caimán, dando la orden para que dispararan contra las instalaciones.
Debía tener mucho cuidado. —Deseaba vengarme, pero no podía ser idiota de mandarme a mí mismo la soga al cuello—. Cae Caimán, y nosotros también lo haremos, debía de ser más inteligente. ¡Mierda, m****a, m****a y mil m****as!
Sabueso ha permane