Nos dimos cuenta de que los disparos no eran para nosotros. Fueron para amedrentar al juzgado que llevaría el caso de mi madre. Eso solo probaba que un poderoso no quería ser descubierto. O más bien tres poderosos.
Mi novio inició el ataque para darles de baja, aunque no era con nosotros, si eran los entrenados para enfrentarlos. Nosotros fuimos un caso fortuito. Simplemente, llegamos en el momento inadecuado, o, por el contrario, muy adecuado. La manera en cómo los agentes de Yaro Seguridy, ba