—¡Ya es hora de irnos! —Llamó Yaro y mi pulso se alteró, no fui la única.
Los cuatro hombres se dieron cuenta de que ninguna se movió. Nos van a poner a matar, yo ni un conejo he matado. Las manos me sudaban. El primero en llegar fue Jabir que acunó el rostro de Onely. Lo escuchaba a él, olvidándome del hombre que estaba frente a mí.
—One, no voy a dejarte sola, nunca jalarás el gatillo, para eso estoy yo, solo recuerda que eres importante para mí. Nada más concéntrate en mirarme a los ojos o a