Freya Cranston
— ¿Quién te dio mi dirección? —es lo primero que digo al recuperar mi voz—. ¿Fue él idiota de Ezra? ¡Mald1to mentiroso! Ya no se puede confiar en nadie.
Ryan se encoge de hombros y ver cómo sigue agitando la braga en su mano me pone nerviosa.
— ¿Me dejas pasar, bichito? —señala hacia el interior con su mentón—. Si me vas a gritar, mejor que sea en privado.
Miró más allá de su hombro y caigo en cuenta de que la anciana del apartamento del frente, está asomada por una rendija de s