Valeria se encontraba retenida en el Palacio por orden del Rey, sin poder salir debido a un susto que la había dejado en estado de impacto. Todos comprendían su delicadeza, sobre todo su padre, el Rey, quien la consideraba su hija favorita. Después de un tiempo, Valeria llamó a su doncella para que le trajera tinta y papel, ya que necesitaba escribir una carta para enviarla al Duque de Llelewas, pidiendo permiso para reunirse con Alta, su amiga.
Sabía que el padre de Aita, el vizconde de Pertón