A la mañana siguiente, todas las mujeres del harén fueron convocadas al salón principal. La atmósfera era tensa, y los murmullos llenaban el aire. Layla, aunque intentaba mantener una expresión tranquila, no podía evitar sentir un leve nerviosismo. Sabía que la reina no tomaba decisiones a la ligera.
Cuando todas estuvieron reunidas, la reina Amira entró al salón, seguida de Madame Samira. Su presencia imponente hizo que el silencio cayera de inmediato.
"Anoche ocurrió algo que no puedo ignorar,