—¡Ofelia!
Reconozco aquella voz y volteo a verlo.
—Aguarde, por favor. —Le pido a la enfermera. Marcelo se aproxima a la entrada.
—¿A dónde vas?
—¿Dónde está Pao? —pregunto al ver que no lo acompaña.
—Está en la administración aguardando para pagar, pero te hemos estado llamando y tu móvil suena apagado.
—Sí, lo perdí. —El desánimo en mi voz podía notarse a leguas, quería, anhelaba tanto que fuese él.
—¿Pero como es que estás de salida, Pao me explicó que…?
—Ve y dile que ya la