—¿Dónde está Ashton? —pregunta Mara apenas entró por la puerta principal. Pude notar los nervios a flor de piel, su mandíbula está apretada, sus nudillos están blancos de tanta presión que hace con sus puños cerrados y era probable que en cualquier momento con esta crisis de nervios me arrojé algo a la cabeza.
Cerré la puerta detrás de mí con recelo, temerosa de lo que me pudiera hacer cuando me volteara y le diera la espalda. —Ashton sigue en la oficina.
Ya no pienso molestarme en encubrirlo n