Angelina
No durmió en casa.
Me la pasé en vela durante toda la noche, esperando que Andrew apareciera. Mi nana entra en mi habitación, abre las ventanas y cruza los brazos con mucha molestia mientras me mira fijamente.
—No deseo un sermón y mucho menos a esta hora de la mañana —digo.
—¿Desde cuándo amaneces pendiente de un hombre como Andrew?
—Es mi esposo —afirmo, saliendo de la cama.
—Sabes de lo que te hablo, Angelina —Mi nana me recrimina—. No debes estar pendiente de lo que haga o deje