Lo único que agradecía era que Anastasia la había dejado en una habitación donde se le permitió vestirse sola. Se sentía un poco más tranquila sabiendo que no había ningún hombre presente, así que se puso la ropa que le habían dejado sobre la vieja cama. Había unos tacones de aguja y un vestido rojo que apenas cubría parte de sus muslos. Contra su piel pálida, creaba un contraste impactante. No le gustaba en absoluto la apariencia tan exhibicionista de aquella poca tela. Frente al espejo, solo