La mañana llegó en capas.
Primero la luz — el gris temprano de Harrow filtrándose por los ventanales sin cortinas, la ciudad cambiando de su oro nocturno al registro más frío y honesto del amanecer. Luego los sonidos — tráfico a lo lejos, una entrega en algún piso más abajo, el silencio urbano particular de una ciudad que aún no despertaba del todo. Luego la conciencia de dónde estaba, llegando no con desorientación sino con la certeza limpia y asentada de alguien que había tomado una decisió