EPÍLOGO.
3 años después.
Narra Abigaíl.
Como los años nos enseñan a madurar cada día un poquito más, y no muestran que lo que siempre veíamos en negro y en blanco en realidad tenía más colores que un arcoíris rodeando una nube en un día soleado y hermoso; en tres años he obtenido todo lo que en trece años no se me permitió ni siquiera soñar, sin embargo, ya no me entristece verlo de ese modo porque el tiempo de Dios es perfecto y cada cosa llega en su preciso momento justo como lo hizo Bruno, que aunque