Había un asunto pendiente, una oscura presencia que debía ser enfrentada. Era esa maldita mujer atada en el sótano, sufrimiento y desesperación era lo que era.
Al acercarme, su olor repugnante y la visión de su cuerpo magullado e inmundo invadieron mis sentidos. Estaba rodeada de su propio excremento, su condición era deplorable.
—¿Cómo te sientes después de la pérdida de tu amado? —preguntó con un tono burlón.
Una risa insana escapó de mis labios mientras observaba su angustia.
—Deberías haber