Capítulo 46: La perdida.
Con un movimiento rápido, saqué el cuchillo de su hombro. Temí que intentara clavárselo a sí mismo, pero lo sujeté con firmeza antes de que pudiera hacerlo.
—Te maldigo, Nicolás Evans. Te maldigo a que nunca ames a alguien, porque la única mujer que te amó en su vida fue mi nieta. Y ella no volverá a amarte jamás. Te maldigo a que nunca seas feliz —sus palabras resonaron en el aire, llenas de un odio desgarrador.
Volteé a ver a Eva, su rostro estaba empalidecido y el hilo de sangre que caía ent