Capítulo 59. Un hechizo vil y seguro.
Vael Zarkov.
La observo forcejear debajo de Svarog, con las manos hundidas entre las hojas húmedas y la respiración convertida en una sucesión de insultos que el perro ignora con una disciplina mucho más eficiente que la de algunos de mis hombres.
—Svarog.
El animal detiene el movimiento inmediatamente, aunque mantiene las patas sobre ella. Solo gira la cabeza hacia mí, esperando la siguiente orden para actuar contra la mujercilla que tiene hojas pegadas al cabello, tierra sobre la ropa y una