Sujeto el pomo de la puerta con un poco de nostalgia al estar acostumbrada a la agradable calma, en menos 72 horas mi vida se trastornó por completo. Solía tener paz.
El silencio me envolvió al abrir la puerta, cuando aún vivia en mi casa; Rudolf era demasiado perezoso para saludarme adecuadamente, me observaba desde el sofá de la sala, moviendo la cola. Aquellos momentos amenos no regresarían, son parte del pasado. Esos tiempos agradables no volverían; son parte del pasado. Es como si todo f