Los ojos verdes de Nathan escudriñaban la esbelta figura de su esposa, su cintura se volvió todavía más estrecha, en tanto sus ojeras se marcaban profundas y sus labios lucían cuarteados.
—Usa mucho maquillaje alrededor del área de los ojos. Pareces un zombi —se limitó a decir.
Ariadna volvió su vista a él.
—¡Eres un idiota! —escupió cada sílaba con rabia.
—Modera tu boca conmigo, mi amor. No sé si lo sepas, pero el que manda aquí soy yo —le recordó con un sereno tono de voz.
Ariadna