Al día siguiente, Nathan esperó con paciencia a que Ariadna le llevara a su hijo.
Pasó una hora. La gente transitaba a su alrededor. Le llamó, le mandó mensajes todo con tal de comunicarse con ella, y su teléfono lo enviaba al buzón.
Tuvo un mal presentimiento, por lo que decidió cerrar temprano e ir a buscarla al departamento.
Se trasladó a toda prisa y, al llegar frente al edificio, oprimió el timbre en repetidas ocasiones. Su preocupación creció al no obtener respuesta.
Con los hombros rígi