Cuando el cerebro de Ariadna terminó de procesar la pregunta, su postura se puso rígida. Agachó la cabeza, con unas ganas insanas de ponerse a llorar.
—Yo…
—No debes sentir vergüenza. No sé si sabías que en cada camada de cachorros siempre hay uno excepcional. Quizá los bobos sentimentalistas digan que elegir al más débil es altruista —tosió un poco—, hipocresía. Todos queremos lo mejor, siempre. No te culpo por escoger la opción adecuada.
Las mejillas de Ariadna se encendieron pues pasó