—Sé que puedes volver a amarme, lo sé, lo siento, ¿no lo notas? Te empecinas a convencerte a ti mismas de que amas a ese idiota que te engaño y mintió. —David era necio antes sus pensamientos, no iba a quitar el dedo del renglon, el no quería olvidarae de ella, estaba tan convencido que podría volver a hacer que Luna sintiera lo mismo que el, que tomó su rostro entre sus manos obligándola a mirarlo, que lo viera directamente y viera de quien se trataba, con sus ojos totalmente acuosos—. Soy yo,