Me separo un poco de la reina madre o, mejor dicho, la antigua reina madre, porque es más que obvio que ese título será removido apenas se pueda; con una sonrisa satisfactoria en los labios.
Veo cómo poco a poco su rostro cambia, cuando comprende mis palabras. Cuando el peso de lo que acabo de decir, cae sobre ella.
Noto cómo pierde algo más que el control. Pierde la compostura.
—No… —La palabra no es firme. Es una reacción pura e instintiva a lo que acaba de escuchar—. No… —repite, esta ve