Me quedé atrapada entre el lavabo y su enorme pecho. El aire en el diminuto baño era caliente y espeso. Quería pelear con él. Quería ser esa chica fuerte y resistente que siempre pensé que era. Pero mientras él se quedaba allí, sonriéndome desde arriba, sentí como si mi cuerpo se derritiera.
—Sal de aquí, Matt —susurré, con mis manos empujando débilmente contra su pecho.
—No hasta que aclaremos esto —gruñó. No esperó. Me agarró de la cintura y me levantó, sentándome sobre la fría porcelan