—¡Elara, ve por tus maletas. ¡Ahora! —La voz de mi mamá fue como un látigo.
—¡No voy a ir! Me quedaré aquí. De ninguna manera voy a viajar con él —discutí. Estaba prácticamente temblando. El pensamiento de sentarme en las piernas de Matt durante horas me erizaba la piel y me aceleraba el corazón al mismo tiempo.
—Vas a ir —espetó, dándose la vuelta—. Deja de ser una mocosa. Este es un viaje familiar. Si te quedas, solo estarás demostrando que no te importa mi felicidad. ¡Muévete!
Odiaba