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Kess.
El cántico era tan fuerte que me hacía retumbar los oídos. Daban pisotones con los pies descalzos contra la tierra al ritmo de nuestros nombres.
En todo el centro de la arena, había una fogata enorme ardiendo. Las llamas subían altísimas hacia el cielo oscuro, crepitando con fuerza y echando una luz naranja y brillante sobre ese mar de cuerpos desnudos y sudorosos. Justo al lado del fuego, sentado, estaba el...
Jefe.
Estaba en un trono grande de madera, con sus piernas en