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**Kess**
Salimos a gatas de la cama de bambú, con la piel cubierta por una mezcla pegajosa de sudor y fluidos secos. Por primera vez desde que llegamos a la isla, el sol brillante y radiante de la mañana entraba de lleno por las rendijas de la choza, y estábamos completamente desnudos.
No había ropa que ponerse, ni toallas para cubrirnos la cintura. Caminar por la pequeña choza a plena luz del día con nuestros cuerpos desnudos y expuestos hizo que una ola de vergüenza me inundara el pech