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—Sí —sonrió, dándose unas palmaditas en el vientre plano—. Es una vida hermosa.
Miré su abdomen. Era liso, pero tenía las ligeras estrías de alguien que ya había dado a luz.
—¿Tienes familia?
—Tengo cuatro hijos —dijo Tula con orgullo, con los ojos brillando bajo el sol—. Todos están en la escuela de la aldea en este momento.
—¿Tienen una escuela aquí? ¿En medio de la selva?
—Sí, la tenemos —se rió Tula, salpicando un poco de agua fresca sobre sus piernas—. Los niños aprenden todo lo que