La casa de playa quedó en completo silencio por un momento. De repente, la puerta principal traqueteó. Liam y Rita habían dejado de buscar a ciegas afuera.
—¡Se acabó el tiempo! —gritó Liam desde el centro de la habitación. Escuché el sonido agudo de tela rasgándose. Se quitó el grueso paño negro de la cara. La tenue luz naranja de la fogata de afuera parpadeaba a través de las ventanas.
—¡Mark! ¡Jasmine! Salgan, por favor. Ya nos cansamos de buscarlos —dijo Rita, con su voz más cerca aho