El espacio detrás del sofá era estrecho, forzándonos a los cuatro a estar muy juntos. La madera bajo nuestras rodillas desnudas se sentía suave y fresca, pero el aire entre nuestros cuerpos era puro fuego. Liam se quitó la camisa, arrojándola sobre los tablones del suelo.
—Mark, levántate —ordenó Liam, con su voz profunda y áspera.
Mark gruñó, deslizándose lentamente hacia atrás lejos de mí. Se sentó contra la pared opuesta, con las piernas abiertas, intentando recuperar el aliento. Sus o