Ivy abrió los ojos de par en par, aterrorizada, mientras Dwight le presionaba la cabeza de la verga contra el ano apretado. Nunca la habían cogido por ahí y el solo pensamiento la mataba de miedo. Todo su cuerpo se tensó.
—¡No, por favor! —suplicó con la voz quebrada.
Intentó zafarse, empujándole el pecho amplio y dando patadas desesperadas, pero él era demasiado fuerte. Sus manos grandes la sujetaron con firmeza contra el sofá, manteniéndola inmóvil por más que luchara.
—Relájate, perra —gruñó