Quiero al mejor amigo de mi papá.
—Susan, para —soltó él con dificultad—. Eres como una hija para mí. Te vi crecer. Te cargué en mis brazos.
Me puse de pie y mi vestido corto volvió a su sitio. No me importaban sus excusas. Caminé hacia él, con mis pies descalzos silenciosos sobre el suelo. Extendí las manos y presioné mis palmas sobre su pecho desnudo y resbaladizo por el sudor. Su corazón martilleaba contra sus costillas: rápido y fuerte, igual que el mío.
—Pero no soy tu hija —susurré. Lo miré a los ojos, desafiándolo a m