Cerré la puerta con llave, pero la habitación todavía se sentía plagada por los fantasmas de lo que había visto en la piscina. Mi piel vibraba. Mi corazón era un tambor. No podía sacarme de la cabeza la imagen de la polla oscura y enorme de Eddie. Aún podía escuchar el azote húmedo y pesado de sus embestidas contra su madre.
Me quité la bata de un tirón y la tiré al suelo. Gateé hasta la cama, sintiendo las sábanas de seda frescas contra mi piel recalentada. Cerré los ojos y dejé que mis mano