—Me trajiste aquí porque querías follarme, Xercer, no te mientas a ti mismo. Me trajiste aquí porque quieres enterrar tu verga bien profundo dentro de mí, embestir con fuerza hasta que no pueda respirar. Quieres que grite tu nombre tan fuerte que retumbe en las paredes de tu mansión. Pero no quieres admitirlo porque no quieres parecer débil.
—Uriel... —Su agarre se apretó, y sus ojos se oscurecieron como el carbón.
—Haz lo que quieras conmigo, Xercer —sollocé, dejando que la frustración esta